Despedida del pueblo

Antes de salir, me asomo a la pequeña ventana del baño, con una última mirada furtiva al olivar. Como otras veces, se balancean las escuetas copas de los olivos, atravesando el umbral de un puerta que ya no pertenece a ese día, a ese instante, quedando dibujados al fondo del cuadro, en la dulzura del recuerdo, a salvo para siempre del incendio del presente.

Sincronizados como el mar, olean los jóvenes olivos, en danza, sin música que medie entre nosotros: ellos se quedan, yo me voy con mis maletas y ese salitre verde que han dejado en mis bolsillos.

Hoy, desde la ventana de la ciudad, eludo con la vista las paredes que crecen delante, buscando en el cielo quemado del verano sevillano, una complicidad que hable de nuevas naturalezas aún por descubrir.

 

Gerena, 2015

2 comentarios sobre “Despedida del pueblo

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