El imperio de lo efímero. ¿Vida después de twitter?

Me he vuelto a agobiar al tirar la bandeja de plástico en la que venía mi cena anoche. Es recurrente esta sensación de vértigo ante la idea, puede que no tan justificada como quisiera, pero real, de no estar sabiendo tratar a la vida propia y a la que pasa por mis manos, con el adecuado trato. 

En el mismo saco entra mi participación en las redes sociales. Hace años que tuve el primer impulso de borrar mi cuenta de twitter y facebook. Gente cercana me lo quitó de la cabeza por una cuestión práctica de visibilidad en el mercado, básicamente. Pero esta idea de fuga-liberación regresa de nuevo periódicamente. ¿Habría vida, hoy día, más allá de twitter o facebook? ¿Una nueva tierra prometida?

Mientras pienso en la respuesta, caigo en la cuenta de que mi cortex no ha retenido ninguno de los tuits que leí ayer, o de las fotos o mensajes en las que me etiquetaron, y que debo hacer un ejercicio de rescate si quiero traerlos de nuevo a la memoria. Y que problablemente los míos hayan tenido el mismo efecto en los demás, como gotas de agua que caen sobre una balsa de agua.  Hay una tendencia hacia lo efímero, y hacia un esfuerzo, a veces puede que desmedido, por fortalecer y crear una imagen de nosotros mismos hacia los demás, que no necesariamente coincide con nuestro ser. Y no sé si estoy preparado para ello. Qué permanece.

Decía Godard hace unos años, con la explosión de los sms, – hoy podríamos hablar de los whatsapp-, que su nombre era la abreviatura de su significado: Save My Soul. El miedo a un distanciamiento aún mayor de la gente cercana a mi vida, es lo que me hace aceptar el trato de la forma de vida, que en realidad, imponen estas apps. ¿Un plan B a la soledad?

Existe un punto medio, al que creo que todos estos impulsos periódicos de liberación me van conduciendo. Por un lado mi presencia en las redes ha disminuido muchísimo en los últimos 4 años. En mi teléfono no tengo instaladas las apps de facebook ni twitter, e intento pertenecer a los mínimos grupos de whatsapp posibles (reconozco que esta app, como las otras, está siempre al filo de desaparecer de mi pantalla). El sentido de llevar mi móvil en mi bolsillo es la fotografía, y es la única razón por la que continúo en instagram (el mal menor de las redes sociales), y con un smartphone. 

Hace muchos años que soñaba justo con llevar una cámara fotográfica en el bolsillo. Incluso la realidad ha mejorado aquel sueño, porque además podemos registrar tomas de video y de sonidos, lo que me lleva a presentir cada vez más, que pronto podré rodar un film utilizando sólo el móvil y algún complemento de audio. De hecho, acabo de hacerlo en el último documental. 

Lo mismo también se está imponiendo en otros aspectos de mi vida. Hablo de simplificación, sin que ello suponga superficialidad, sino todo lo contrario. Mi forma de vestir se está simplificando a ropa cada vez más cómoda y parecida en tonos y formas, y lo mismo ocurre en las habitaciones de mi apartamento. 

Observo que viene de la mano la emancipación de la vida del almacenamiento. Vivir con menos cosas, en menos realidades paralelas. Vivir cerca. Vivir con lo indispensable. 

El primer lugar donde tomó asiento todo esto fue en el cine, a la hora de tomar con las manos la cámara: Filmar lo indispensable. Con los medios y el presupuesto indispensable. Del modo más esencial posible, alejado del artificio y del trucaje. Bajo una concepción de la belleza centrada en lo que radicalmente es, y no puede disolverse ni desaparecer. (Ahí encuentro ese instante de emoción en la que vibra la verdad).

Y por qué no decirlo, ojalá esto fuese un haiku. 

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3 comentarios sobre “El imperio de lo efímero. ¿Vida después de twitter?

  1. Es oportuna reflexión Jesús, que sólo algún afortunado puede realizar. Me parece que hay una conjunción de palabras muy apropiada que, si se profundiza, puede dar lugar a esa pregunta que alguno, en cierta ocasión, se ha hecho sobre qué permanece y no creo justo darle respuesta a ello pues puede mezclar lo que es duradero con aquello que suponemos nos queda como propio, en esa amalgama de emociones que nos puede llegar a perturbar, y esa es “vivir cerca”. Me parece que ahí hay respuesta para aquél interrogante y no creo, en mi opinión, que las redes en ello nos distancien si, repito, se profundiza el meollo del asunto, porque alguien o su obra, lejana en tiempo y/o espacio, puede estar a distancia milimétrica. No conozco tu obra pictórica pero puedo percibir la belleza en tus Palabras.
    Saludos.

    1. Muchas gracias por tus palabras y por compartir tu visión, Leo. Creo que es un tema extenso, con mucha hondura, que algunos estudiosos han dejado unos ensayos interesantes al respecto. Por ejemplo, entre mis preferidos, el citado Bauman. No obstante, entre toda la ola de matices que podemos añadir a esta sucinta pizarra, desde donde creo que salían mis apuntes es desde el instinto por defender un estado de conexión propia, -con mi propia presencia-consciencia-, ante la amenaza de la dispersión e inercia sin límites que, sin control, pueden favorecer las redes sociales. Un abrazo

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