El mestizaje: el flujo continuo

Ainu Group
Ainus de la isla de Hokkaido de Japón

Siento una sensación de familiaridad en esta montaña en el que tengo la certeza que ninguno de mis antepasados, ni yo, estuvimos antes. O quién sabe.

Me limito a dejar que mi cuerpo respire, y casi instantáneamente, entre el rubor del sonido de un grupo de robles y pinos centenarios, la comprensión se ensancha en cierto modo, y surge ante mi la experiencia del equilibrio entre la mirada en plano corto y plano largo, inmediata y ancestral.

Regreso a casa preocupado por la ductilidad con la que se maneja y se extiende el término pureza. Como si fuese inofensiva, la idea atraviesa noticias, declaraciones políticas y certezas sociológicas.

Leo que hay quien piensa que en las comunidades indígenas sobreviven aún esencias de distintas purezas: la pureza de una tribu, de razas humanas ancestrales con genomas únicos, de culturas puras con manifestaciones etnológicas sin mixtura previa.

Incluso el oso que desciende sobre esa montaña de árboles milenarios, alimentados por la tierra negra volcánica, no me sugiere una sensación inédita.

Se lamenta uno de los últimos Ainus sobre el destino inminente de su etnia. Quizás queden los últimos 100 ainus puros. La pureza, su pureza, según él, -entendida como unas características únicas mantenidas a lo largo de siglos transgeneracionalmente-, muere.

Las tribus locales están siendo convocadas a una nueva mezcla universal vertiginosamente veloz: la tribu global.

La homogeneización es drástica, y a muchos, desde cierto romanticismo, nos resulta cruel, aunque nos consolamos en lo inevitable. Una pequeña isla al norte de Japón, aislada durante milenios, la isla de los ainus, ya forma parte de la red que inevitablemente nos ha unido a todos, acelarando el tempo del flujo continuo, acelarando que en las tiendas ainus contruidas con técnicas ancestrales, puras para ellos, suenen músicas de Brasil, o de barrios marginales de Manchester.

El conocimiento es el que genera la mezcla. De un modo natural, inevitable, el instinto humano, -aunque también se ha demostrado en diversas especies animales, como los gorriones-, es una esponja de conocimientos, que integra y hace suyo lo remoto, en una danza que parece no haber tenido inicio y no insinúa final.
No hay ser humano que no se sienta atraído por nuevos horizontes. Esa es nuestra inocencia.

Tenemos la misma facilidad para evolucionar desde nuestra hibridación continua, como la obstinación de negarla.

Los tiempos han escrito dentro de nosotros mismos, y es bello escuchar esas palabras. Poemas y canciones se escribirán con ellas, que en otros tiempos cantarán.

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2 comentarios sobre “El mestizaje: el flujo continuo

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