España en el comercio de esclavos

Esta semana asistí a una conferencia en el Museo Marítim de Barcelona sobre el papel de dicha ciudad, y de distintas otras del hoy llamado estado español, en el mercado atlántico de esclavos. 
Me resultó interesantísimo conocer nuevos datos y cifras (se estima que en total 13 millones de personas fueron esclavizadas y comercializadas desde Europa) en torno a un asunto que, ahora sí, España, tampoco tiene resuelto. 
El año pasado pasé más de dos meses en la moderna ciudad de Nantes donde tuve la ocasión de visitar y filmar en el memorial que la ciudad construyó sobre el asunto, alzando una autocrítica contundente y sin condiciones, del papel que Francia, y en particular el Puerto de Nantes, ocupó en tan oscuros hechos. 
Lo mismo pude ver en Londres, Amsterdam, París, o Faro. Sin embargo, cuando cualquiera visita las cifras (facilmente accesibles), encuentra que el principal protagonista, por cantidad y extensión de tiempo en el deleznable negocio de la esclavitud, fueron empresas y grandes familias (incluyendo obviamente la realeza y sus círculos cercanos) españoles. 

Me duele y me incomoda sobremanera la conciencia al ver que desde Sevilla o Cádiz (puertos con mayor protagonismo en el mercado de esclavos), desde la Junta de Andalucía, y/o bien desde el Gobierno de España, no se haya atendido a esta necesidad de resarcimiento y reconciliación con nuestra propia historia en unos hechos lamentables que aún faltan por afrontar e incluir en la pedagogía social de nuestra comunidad, naturalizando y creciendo sobre ellos, tal y como, desde hace años, lo vienen haciendo en ciudades vecinas de Europa e Inglaterra. 

Sin duda, la presencia colonial en cierta mirada que aún pervive en España, obstaculiza un proceso necesario y del que no me cabe duda, se desarrollará antes o después en nuestras ciudades, pero que no debería retrasarse más. 

Esconder la Historia debajo de la alfombra es una conducta poco inteligente que siempre acaba reforzando actitudes autoritarias. (No lo digo yo, podemos observarlo en la Historia). 
Pd. Celebré que durante el turno de palabra del público, alguien recomendó el documental de mi colega cineasta Miguel Angel Rosales, Gurumbé. 

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